Valoramos más los recuerdos que los momentos

¿Por qué recién le damos el valor que merecen a personas, hechos, momentos cuando se convierten en recordatorios? ¿Y solemos decirnos: “Era feliz y no lo sabía”?

 

 

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Vivimos buscando la felicidad, el momento “perfecto” para recién disfrutar, y no vemos los pequeños detalles que complementan nuestra dicha, el desayuno de tu mamá cada mañana, ese amigo o compañera con el que siempre te ríes, el alboroto de los niños, la banca de un parque que solía ser el punto de encuentro con tus amigos.

Todo esto que antes no nos importaba ahora solo es un recuerdo y lo añoramos demasiado porque nos dimos cuenta que es demasiado tarde. Vuelve a nuestra memoria frecuentemente y nos quedamos viviendo en ellos.

 

 

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Nuestra vida ahora solo tiene espacio para el ayer, nos aferramos al pasado tanto que llegamos a ser parte de él. Y el presente no existe, solo apreciamos las remembranzas, sin  ver que esta es nuestra única oportunidad, no habrá otra y la estamos desperdiciando en recuerdos que un día nos hicieron muy felices, pero que lamentablemente no le dimos el valor que se merecían y estamos volviendo a repetir la misma historia.

 

 

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Por eso seamos felices con lo que tenemos en este preciso momento, prioricemos lo que más nos importa y olvidemos la costumbre de no decir lo que sentimos, de postergar, de arriesgarnos para que cuando se conviertan en recuerdos estemos satisfechos por lo que dimos, hicimos, entregamos, todo lo que estuvo a nuestro alcance y nos esforzamos en ese momento.

 

 

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