Enséñale a tu hija a amar su cuerpo y ser una mujer fuerte

¿Cómo le enseñé a mi hija a amar su cuerpo? Buena pregunta. No lo sé. En realidad es algo aterrador. Yo no tengo experiencia queriendo a mi cuerpo antes de los 29. Fallé en la primaria, falle en la secundaria.

La universidad es un borrón en mi mente. No me puedo sentar aquí y pretender que tengo idea de cómo hacer que una persona joven navegue en este mundo de redes sociales en el que vivimos, sin que sea constantemente molestado y llevado a los extremos.

Algunas veces cuando Gigi está durmiendo, veo sus mejillas rosas y sus rodillas raspadas y pienso “Yo hice eso con mi cuerpo. Cada parte de ella, soy como una hechicera y me mataría saber que ella odia una parte de sí misma.”

Entonces, ¿qué puedo hacer para ayudarla a amar su cuerpo sin tener que destruir televisores, sacarla de la escuela y esperar hasta que esté dormida para poder sentarme en la tina a llorar y tratar de respirar con la ayuda de una bolsa de papel?

Lo último que le digo cada día es que ella es hermosa. Después, también le recuerdo que ella es brillante, chistosa, curiosa, creativa y atrevida.

Cuando llueve usamos labial. Cuando le ponemos algo de encanto a una situación especial nos hace felices y eso es algo que empodera. Nosotras hacemos nuestros propios “momentos felices”, no tenemos que esperar a que otros los creen para nosotras.

Camino desnuda en casa. Eventualmente esto será súper raro. Pero justo ahora, estoy ayudando a construir una sensación de “normalidad” en lo que ve.

Le digo que merece lo que quiera. Ya sean amigos, familia, amor, oportunidades o la vida misma. Nada de lo anterior volverá a depender de su cuerpo.

Amamos a otras mujeres. No es extraño o inapropiado; es inspirador y mentalmente empoderador. Mujeres grandes y pequeñas, mujeres que han cambiado el mundo, que estudian detenidamente sus hermosos cuerpos y sus bellas mentes.

Le permito que ame la comida. Japonesa, Libanesa, Italiana y hasta vegana, lo ha experimentado todo. Al principio, la comida era el enemigo y pasé dos décadas peleando contra aquello que secretamente amaba. No permitiré que ella esté en esa relación abusiva.

Todos los días camino en sus zapatos. Ella no me ve cuando poso o mantengo mis brazos sólo porque sí. Ella me ve cuando me río con la panza o cuando le cuento una historia con mis manos.

Ella me ve cuando canto sin inhibiciones en el carro o cuando me depilo las piernas en el lavabo antes de una cita. Ella me ve cuando me encojo después de un cumplido o cuando me rompo después de un insulto. Pero lo más importante, ella me ve cuando me paro de nuevo y comienzo a bailar.

¿Cómo le enseño a mi hija a amar su cuerpo? Lo hago amando el mío con todo lo que tengo.

 

 

Fuente:ACTITUDFEM