Nos convertimos en extraños, pero sin recuerdos

Se volvió tan mediocre, tan insulso, tan ordinario, tan simple que rodeaba lo común porque lo nuestro siempre lo considere excepcional. Se perdió la magia y con ella las ilusiones. Las ganas por crecer como personas al lado del otro, por salir adelante juntos, por pensar en un futuro donde nos los dos cabíamos, se esfumaron.

 

 

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La convivencia se hizo insostenible,  nos acostumbramos a la rutina, nos olvidamos de los besos de buenos días y buenas noches. Sin darnos cuenta nos convertimos en extraños viendo bajo el mismo techo y cuando queríamos remediarlo no quedaba nada, lo fuimos matando con nuestra indiferencia, con nuestro silencio incómodo. Se nos hizo fácil seguir con lo nuestro (si todavía se podía llamar así)  porque nos parecía cómodo.

 

 

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Se perdieron las esperanzas, y los recuerdos no valían nada así como la compañía del otro, nos daba igual. Nuestra casa se volvió un lugar frio, vacío y tan ajeno, que pensar que una vez estuvo lleno de felicidad, promesas, risas, caricias, anécdotas; era escapar lejos de la realidad.

 

 

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Hicimos añicos el poquito amor que nos quedaba el día que comenzamos a mentirnos a la cara, y. ambos sabíamos que iba en declive sin embargo no hicimos nada.  Nos decíamos indirectas para que el otro supiera que su presencia molestaba, convirtiéndolas en la mejor manera de afrontar la situación, que cobardes nos volvimos, no sé si por miedo o falta de huevos.

Llegamos al punto de meter un tercero y eso era lo que yo menos quería. Sin embargo esa persona fue de intermediario entre nosotros y supo poner un alto a la situación y lograr que nos dijéramos adiós.

 

 

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